¿Juegas o Compites? 

Jugar para mí sería disfrutar de lo que estás haciendo, no hay tiempo, hay creatividad, hay diversión, hay reglas y también frustración por supuesto, pero hay presencia, deportividad, valores, no todo vale, o sí, pero sobretodo hay interacción, desarrollo personal y relacional… hay juego…

Competir para mí podría incluir todo lo que he puesto en jugar pero hay un factor que lo determina y lo inunda todo: el resultado. Esto hace que los números entren en juego, y la exigencia y la presión envuelvan la competición.

En el juego hay algo de competición pero no hay mayores objetivos que disfrutar de lo que está ocurriendo en el momento presente… no cuentan tanto los resultados, y fallar o perder, se resuelve en el mismo momento, no tiene consecuencias más allá, solo aprendizaje más o menos consciente…

En la competición hay comparación, y hay rivalidad… hay expectativas, los errores tienen peso y consecuencias, las emociones se magnifican, hay mayor alegría pero también hay mucho lamento, rabia, tristeza y toda esa frustración se arrastra, los miedos al fallo se instalan y se repiten, uno se agarrota y la fluidez se corta… 

En general, los deportistas que no triunfan son los que se han olvidado de jugar, son los que han entrado en la espiral tóxica de la competitividad, esa que está centrada en el resultado y en todo lo exterior que uno no puede controlar. Dicen que un genio es aquél que más se parece a sí mismo, así que tiene sentido olvidarse de todo lo externo y recuperar esa energía de juego que lo impulsó de corazón a jugar lo que más le gusta… a recuperar la ilusión infantil y disfrutar con pasión de lo que más ama…